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Oct
07

Miércoles 24 de octubre: antes de irme a dormir

 

Antes de irme a dormir, Anabear me contó esta historia :

«Erase una vez un osito que tenía un hocico muy puntiagudo y unos ojitos tan vivarachos que eran la envidia de todos los osos de peluche : ningún botón de botín brillaba tanto. Vivía en el fondo de un bosque y pasaba horas contemplando los árboles y los abejorros.
Por la mañana comía miel : los osos son bastante tradicionales.
De vez en cuando pedía permiso a su madre para ir a visitar a su abuela, una osa muy gruñona que siempre estaba protestando. Era como una letanía, un murmullo venido de otro siglo. Corría el rumor de que en su juventud había conocido, en un país remoto, lleno de ritos extraños, a unas brujas que le habían enseñado su lenguaje misterioso y algunos hechizos. También sabía palabras encantatorias.
El osito se sentaba a sus pies, en una sillita baja y ella empezaba su murmullo y le gustaba no comprenderlo todo, le gustaba ver cuando se volvían dulces las palabras y notar como, de pronto, se volvían ácidas. Mientras estas dos sensaciones invadían su paladar mental, observaba como su abuela iba hasta la alacena en busca de algún pastel. Y venía con un frasco de mermelada de frutilla o frambuesa, que acababa de preparar especialmente para él, a pesar de que siempre se trataba de una visita imprevista. La abuela osa le decía que recogía estas frutas al lado de su cabaña. Pero el osito nunca había visto nada al lado de la cabaña, a no ser zarzales. Era otro misterio que por cierto no quería resolver. A ese osito le gustaba lo misterioso, le gustaba imaginar que las cosas llegan sin que se las espere o porque se esperaron.
Un día, al llegar, la encontró mirando, melancólica, un álbum de fotos. En una de estas fotos, un poco borrosa, muy vieja y gastada, se veía un grupo de osos con caras tristes y sonrisas forzadas, esbozadas para el fotógrafo por pura cortesía. En el grupo se destacaba una osa joven, bien plantada, con el cuerpo ligeramente erguido, como si estuviera diciéndole al fotógrafo (o al mundo entero, al mar, al cielo): « En mí, entra toda la voluntad. No le tengo miedo a nada porque mi fuerza está en este osito, que tengo a mi lado ». No estoy segura, pero creo que en la foto los osos estaban en un bote. Lo que no sé es de qué país venían.
El osito reconoció en aquella joven osa la mirada de su abuela —porque las miradas nunca cambian, es lo único que no cambia a lo largo de la vida— y también se reconoció a sí mismo en aquel otro osito temeroso : en la forma de mirar así, muy fijo. Mucho más tarde, alguien le preguntaría : « ¿Por qué miras así ? » Y el respondería : « Por culpa de la miopía, soy un oso-topo ». Pero sé que no es verdad. Mira así de fijo porque sus ojos tienen la capacidad de escudriñar todas las zonas que quedan sin descubrir, como la lámpara de un vigía, un faro marino. Los faroles y las linternas bajo la nieve se parecen al ojo de un cíclope que lo ve todo.
El osito no sabía todavía que en aquellas letanías apenas comprensibles, la abuela le estaba diciendo que un día él también se embarcaría en un bote y saldría de viaje.
Y los regresos son, como el tiempo que pasa, inciertos, indecisos.
Me hubiera gustado que aquella abuela le hubiese murmullado que cuando una Anna muere, otra nace. Estoy segura de que aquella abuela osa, en aquel valle, que nunca veré, lo pensó : porque así lo quiero yo. Es imposible que esta historia sea diferente : soy yo quien la está escribiendo.»

 

Et avant d’aller me coucher, Eric m’a dit :

« Celui qui voit sent qu’il voit, celui qui écoute sent qu’il écoute, celui qui marche sent qu’il marche ; et pour toutes les autres activités, il y a quelque chose qui sent que nous sommes en train de les exercer ; de sorte que si nous sentons, nous nous sentons sentir, et que si nous pensons, nous nous sentons penser, et cela c’est la même chose que se sentir exister : exister signifie en effet sentir et penser.
Sentir que nous vivons est doux en soi, puisque la vie est par nature un bien et qu’il est doux de sentir qu’un tel bien nous appartient.
Vivre est désirable, surtout pour les gens de bien, puisque pour eux exister est un bien et une chose douce. En «con-sentant», en «sentant avec», ils éprouvent la douceur du bien en soi, et ce que l’homme de bien éprouve par rapport à soi, il l’éprouve aussi par rapport à son ami : l’ami est en effet un autre soi-même. Et comme, pour chacun, le fait même d’exister est désirable, il en va de même (ou presque) pour l’ami.
L’existence est désirable parce qu’on sent qu’elle est bonne chose et cette sensation est une chose douce par elle-même. Mais alors pour l’ami aussi il faudra «con-sentir» qu’il existe et c’est ce qui arrive quand on vit ensemble et qu’on partage des actions et des pensées. C’est en ce sens que l’on dit que les hommes vivent ensemble et non pas, comme pour le bétail, qu’ils partagent le même pâturage… L’amitié est en effet une communauté, et, comme il en est ainsi pour soi-même, il en va aussi pour l’ami et tout comme, par rapport à soit, la sensation d’exister est désirable, ainsi il en ira pour l’ami. »

Aristote, L’éthique à Nicomaque, livre IX, « L’Amitié ».

 

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8 Responses to “Miércoles 24 de octubre: antes de irme a dormir”


  1. 1 Osana
    noviembre 4, 2007 en 5:16 pm

    Me gustaria tener la direccion de la tienda porque dos amigos me regalaron un oso para curarme el insomnio pero no funciona.
    Cuando por fin lo duermo y me duermo, en plena noche, ese oso (se llama Bucéfalo) agita la cabeza (por qué?)y el cascabel que lleva colgado al cuello me sobresalta y por supuesto me despierta.
    Ya no sé qué hacer.
    Lo acosté en otro cuarto pero esto también es un problema porque tengo que levantarme para ver si duerme bien.
    Qué solucion me proponen?
    Es imposible quitarle el cascabel; lo intenté pero se paso luego la noche cayendo de bruces : me dolia la cabeza por la manana de tanto picotazo : hocicazo no existirà, supongo…
    En fin que los osos de Tchang Huang no me parecen tan eficaces como lo dicen…

  2. 2 soloosos
    noviembre 4, 2007 en 5:23 pm

    Estimada Osana, creo que se equivocó de día: este comentario tendría que haber ido el domingo 4 y no el miércoles 24; pero no importa, los errores suelen ser a veces más productivos que los aciertos. Si los osos de Chang Huang no funcionan, tendría que pedirle a Anabear que le contara una de sus maravillosas historias de osos antes de irse a dormir, que son un bálsamo reparador. Se lo puedo decir por experiencia. Por otro lado, lamento decirle que los capítulos sucesivos de la novela desmienten el poder somnífero de los osos “Sueño Feliz”.

  3. 3 Osana
    noviembre 4, 2007 en 5:31 pm

    ya le contesté sin equivocarme de dia esta vez. No me extrana en absoluto que los capitulos sucesivos desmientan el poder somnifero de los osos SF porque el sueno por definicion no puede ser feliz.

  4. noviembre 4, 2007 en 7:54 pm

    « En mí, entra toda la voluntad. No le tengo miedo a nada porque mi fuerza está en este osito, que tengo a mi lado » quiero tener esta frase en mi salva pantallas de esta semana.
    Voy a subirla y leerla con el café. Los osos de por aquí son medio otakus (esos niños japoneses que se quedan todo el tiempo frente a la tv, computer, consolas… y siempre rodeados de muchos sonidos) así que vamos a pasarles el mensaje: voluntad permanece!!!

    soloosos: sean ustedes muy bienvenidos

  5. 5 soloosos
    noviembre 5, 2007 en 8:19 am

    Vamos a pedirle a Anabear que siga contandonos historia para poder ponerlas en nuestras salva pantallas. Muchas gracias, M + I, por todos los consejos para este blog ursino. Y por favor, pasen el mensaje a todos los osos madrileños, en particular a los vecinos.

  6. 6 Osana
    noviembre 5, 2007 en 1:49 pm

    Tal vez esa Anabear cuente una historia de osos de Navidad?
    No sé a ustedes, pero a mi me encantan los cuentos con cierzos y nieves; de nina me quedaba horas mirando “Tintin en el Tibet” nomàs que por el placer de ver toda esa blancura nevada; luego supe que Hergé se sentia muy mal cuando lo dibujo; estaba casado y se habia enamorado de otra; el peso de una educacion muy catolica es terrible y al romper la promesa hecha a su mujer en la boda se sentia impuro y ese deseo de pureza aparece en la necesidad que tuvo de representar esas extensiones blancas…
    Recuerdo que cuando me adentraba en la lectura, me extranaba el miedo que sentian todos por el yeti porque un animal que se parecia tanto a un oso no podia ser malo: fue un alivio ver que habia salvado a Chang y una tristeza verlo quedarse solo en la montana luego…
    Una de las historias infantiles màs conocidas es la del oso Michka, en las nieves rusas.
    Me gusta esa asociacion entre el oso y la pureza.
    El oso es un animal puro y solitario.

  7. 7 soloosos
    noviembre 5, 2007 en 2:10 pm

    Protesto: los osos son animales solitarios, sí, pero no estoy de acuerdo con eso de que sean animales puros…

  8. 8 Osana
    noviembre 5, 2007 en 2:45 pm

    Usted no es tan entendido en “osos” como lo pensaba : para refutarme, se basa, seguramente, sobre una vision judeo-cristiana de la pureza. Para mi “pureza” no debe tener el mismo sentido que para usted.Yo, por ejemplo nunca asocié la virginidad y la pureza.
    Si considero que los osos son puros es simplemente porque no se andan con rodeos, viven en la inmediatez del deseo primario; viven solos, apartados y cuando les toca el momento de explorar el amor, se van a su encuentro, remontando montanas, sin comer ni beber, sin precaucion, a lo loco; viven una pasion ràpida, necesaria para la sobrevivencia de la especie, y una vez el acto cumplido se van sin mirar atràs. Y la pareja, separada, se ocupa exclusivamente de acumular grasa, calorias y vitaminas, preparando la larga hibernacion…Y la osa pone hojas secas, musgos y plantas odoriferas en su cueva sin saber realmente porqué; cuando salen de sus entranas los oseznos, seres diminutos, ridiculamente fràgiles, al final del invierno, se despierta y ese nacimiento es para ella un misterio que revela su instinto materno; y van creciendo bajo sus lenguetazos.
    Todo en el oso refiere al origen y por lo tanto a la pureza.


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Autor/Auteur

DIEGO VECCHIO, Buenos Aires, 1969. Reside en Paris desde 1992.

Publicó "Historia calamitatum" (Buenos Aires, Paradiso, 2000), "Egocidio: Macedonio Fernández y la liquidación del yo" (Rosario, Beatriz Viterbo, 2003), "Microbios" (Rosario, Beatriz Viterbo, 2006) y "Osos" (Rosario, Beatriz Viterbo, 2010).

Contacto: dievecchio@gmail.com

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