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Martes 20: historia para que se duerman los osos insomnes

 

Segunda entrega (por Anabear)

Veo que aún están despiertos. ¡Qué bien ! Así puedo seguir con mi historia para osos insomnes.

Cuando mi hijo era un Osito, sufría de insomnio, lo que agravó el mío. En fin, no era exactamente insomnio. Quería dormir en compañía. Cuando dormía solo, se moría de aburrimiento. El Osito se metía en la cama de sus Padres Osos, que no pegaban ojo en toda la noche. Al Osito le gustaba dormirse con la cabeza apoyada contra la espalda de su Madre y los pies contra la espalda de su Padre, formando una H con los tres cuerpos. Al principio, la H entraba en la cama. Pero luego, cuando el Osito empezó a crecer ya no tanto. Las noches se volvieron infernales.
Un día Madre Osa (es decir yo) decidió que ya era hora de poner un término a esta fantasía y le dijo al Osito enmorrado :
— Esta noche no quiero que vengas a nuestra cama. Si vienes, mamá te llevará a la tuya. ¿Has entendido?
El Osito no dijo ni que «sí» ni que «no». Pero Madre Osa vio que el Osito le decía con la mirada: « Haré, como siempre, lo que me dé la gana : los osos somos caprichosos ».

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Aquella noche, Madre Osa lo acostó en su cama, como de costumbre, con su muñeco de peluche y el Osito se durmió fácilmente con unas nanas. Los padres se acostaron. Pero unos minutos después, oyeron como el Osito se bajaba de la cama y venía a meterse en la suya. Madre Osa se levantó, lo tomó por una pata y se lo llevó otra vez a su habitación. Pero ni bien se volvía a acostar, el Osito venía otra vez para meterse en la cama con ellos. Este ir y venir de una cama a la otra duró como una hora, hasta que Madre Osa se hartó y le dijo a su Osito que si aceptaba dormir solo en su habitación, le contaría un cuento. El Osito aceptó el trato. Madre Osa se sentó en una sillita, al lado de la cama de su hijo.

 

Al principio, por facilidad y porque pensaba que el Osito no tardaría en dormirse, le contó las clásicas historias de « Los tres Humanos y la Osita con ricitos”, “El Oso del señor Seguin”, “Blancavienes y los siete Ositos”, “Caperosita”,”Pulgarosito”, “Piel de Oso”, “La Osa Durmiente del Bosque”… Cuando agotó el repertorio, no le quedó más remedio que ponerse a inventar cuentos. Al cabo de un rato, el Osito terminaba por dormirse. Madre Osa se levantaba y se iba en puntas de pie. Pero al llegar a la puerta, oía una voz gruñona que le decía:

 

— No duermo… ¡Vuélvete!
o
— ¿Y qué pasa después?
Como Madre Osa no reaccionaba, porque estaba más dormida que despierta, el Osito se ponía a gritar esta frase cada vez más fuerte. Para evitar que Padre Oso se despertara, Madre Osa volvía hasta la sillita y seguía contando cuentos. A veces, le volvía a contar un cuento que ya le había contado, inventando una nueva versión o cambiándole algún detalle. El Osito le decía, con una voz desagradable, sin dejar de chupar la punta de la sábana:
— Te equivocas. El coche era amarillo y no rojo.
Cuando eran las dos o tres de la mañana, Madre Osa ya no daba más con sus huesos. La sillita de mimbre era diminuta. Más de una vez, totalmente desanimada, tuvo ganas de llevarse al Osito a su cama para poder dormir un rato, ya que al día siguiente le esperaba una larga jornada en el bosque. Pero había leído libros de psicología ursina y había escuchado los programas radiofónicos de Françoise Dolto que desaconsejaban terminantemente dejar dormir a los ositos en la cama de sus padres.
Se dijo desafiándose a sí misma :
— Seré yo o él.
Y fue ella. No les diré lo que ocurrió, para no desvelarlos más esta noche. Se lo contaré otro día. Es algo fabuloso. En todo caso, pasaron varios meses de insomnio. Una noche, Madre Osa se sentó como todas las noches en la sillita y comenzó a contar sus cuentos. Al cabo de un rato, el Osito se durmió. Madre Osa salió de la habitación en puntas de pie y al llegar a la puerta, le sorprendió que el Osito no la llamara. Se fue a acostar con los sentidos en alerta, esperando oír de un momento a otro los gritos que reclamaban su presencia. Pero esta vez el Osito no la llamó. A pesar de todo, no pudo pegar un ojo, pensando que el Osito se despertaría en medio de la noche. Pero esto no ocurrió. Y a partir de ese día, el Osito durmió solo, en su cama, sin problemas. Por mucho que caviló, Madre Osa nunca entendió lo que había pasado. Era un misterio.

 

El insomnio es un misterio.

 

Tal vez era ella quien le facilitaba el insomnio. Las historias que le contaba le gustaban tanto al Osito, que en lugar de dormirse, se desvelaba aún más. De todas formas, al día siguiente recuperaba el sueño, levantándose muy tarde. ¿Qué más le daba no dormir de noche ?
Tienen que interrogarse sobre sus noches de insomnio… A lo mejor lo que les falta es compañía. A lo mejor lo que no los deja dormir es la soledad fría de sus sábanas. O un sentimiento de aburrimiento. De algo mejor que se podría hacer durante la noche. Y todo eso les perturba el sueño.
Y ahora que hablo de “cama” recuerdo que les había prometido al principio seguir con el cuento del otro día… ¿Dónde habíamos dejado?… La Osita con ricitos entra en un dormitorio y descubre tres camas : una cama dura, una cama blanda y una cama que no es ni dura ni blanda. La cama dura es la del Padre, la blanda la de la Madre y la ideal, de tamaño reducido, molludita, con sábanas que huelen a lavanda y almohada con flores rosas es la del Niño. La Osita se acuesta en la cama. Está tan cansada que ni se da cuenta de que se abraza a dos osos de peluche gemelos, que están sobre la almohada y que tienen bordadas en el pecho una E y una D.

 

Y cierra los ojos.

 

(continuará)

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7 Responses to “Martes 20: historia para que se duerman los osos insomnes”


  1. 1 Rafa
    noviembre 22, 2007 en 9:49 am

    Bueno, veo que tenemos la segunda entrega del cuento de los osos, pero esperamos sobre todo la suite del Ogro de la rue de Jouy.
    Una historia con ogros es mucho màs interesante y por el momento no le vimos el pelo a ninguno…

  2. 2 soloosos
    noviembre 22, 2007 en 12:37 pm

    Pero si los Ogros no existen! Son un invento de los padres para hacer dormir a los niños que no quieren dormir!!!

  3. 3 Rafa
    noviembre 22, 2007 en 4:24 pm

    Deberia sabe que es imposible dormir a un nino contando un cuento con un ogro :los ninos son muy listos y saben que existen y nunca hay que decirles lo contrario porque cuando son adultos son demasiado confiados y se dejan comer por el primer ogro que pasa ya que no supieron reconocerlo…Me es dificil creer que en su vida de oso no hay cruzado nunca el camino de un ogro…La suerte que tiene es que es Oso y que los osos son fieras y resisten a todo!

  4. noviembre 22, 2007 en 5:12 pm

    No sólo los niños saben que los ogros existen… También lo saben los adultos, si llegan al satori, esto es, a ser niños viejos: oglos que se muelden la cola.

  5. 5 soloosos
    noviembre 22, 2007 en 5:32 pm

    Recuerdo que la diferencia entre un Ogro y un Oso es mínima: basta con cambiar dos letras.

  6. 6 Rafa
    noviembre 22, 2007 en 5:34 pm

    Si, y màs de una vez me pregunté si el OGRO no serà el OTRO…

  7. 7 Noticias de Anabear de su amigo Goldbear
    noviembre 23, 2007 en 6:03 pm

    queridos amigos de Anabear,
    esta manana, tras una mala noche de insomnio, se desperto mi amiga Anabear y decidio salir al bosque para cambiarse las ideas y de camino recoger setas para hacer un fricasé este domingo; nos cruzamos los dos y estuvimos charlando un rato sobre el frio repentino y la fragilidad de la vida pues habia oido unos minutos antes a unos cazadores.Poco después al llegar a mi casa oi unos disparos pero no me inquieté ; hay muchas liebres y la carne de oso no creo que sea buena para los humanos.Pues fijense que acabo de enterarme por su amigo Marmoto que fue ella quien recibio las balas; estaba agachada recogiendo setas cuando los perros se pusieron a ladrar y sin reflexionar mucho ni mirar, los cazadores dispararon; segun parece, està herida con cierta gravedad o sea que no podrà seguir contandoles el cuento que habia empezado.
    Estoy seguro que la entristecerà no poder hacerlo.
    Segun parece, la paciencia siempre queda recompensada o sea que sabràn esperarla.
    No les digo nada màs porque me voy con mucha prisa a visitarla.
    La amistad es un bàlsamo que lenifica las heridas.Y la miel que le llevo le endulzarà el alma.
    Hasta pronto, con màs noticias.
    Goldbear


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Autor/Auteur

DIEGO VECCHIO, Buenos Aires, 1969. Reside en Paris desde 1992.

Publicó "Historia calamitatum" (Buenos Aires, Paradiso, 2000), "Egocidio: Macedonio Fernández y la liquidación del yo" (Rosario, Beatriz Viterbo, 2003), "Microbios" (Rosario, Beatriz Viterbo, 2006) y "Osos" (Rosario, Beatriz Viterbo, 2010).

Contacto: dievecchio@gmail.com

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