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Nov
07

Lunes 26 de noviembre: historia para que se duerman los osos insomnes

Tercera entrega, por Anabear

Cierra los ojos pero…

…no se duerme.

Hoy, queridos osos insomnes y amigos de los osos insomnes que tampoco pueden dormir, no pienso hacer ninguna digresión. Lo prometo. Iré al grano. Me doy cuenta que me alejo cada vez más del cuento inicial. En realidad, ni lo empecé. Me puse a contarles mi cuento preferido, el de la Osita con ricitos. Y luego creo que les conté los insomnios de mi osezno. Ahora no sé qué hacer. Si abandono la historia de la Osita con ricitos que no se duerme a pesar de que está muy a gusto en la cama del niño que fue con sus padres al supermercado, ya no podrán dormirse. Y si no les cuento la historia que tenía pensado contarles desde el principio, tampoco podrán dormirse. Tengo que decidirme. No se pueden contar dos historias a la vez. ¡Qué dilema! Su amiga Osa ya no sabe qué hacer y tiene que reflexionar.
Tomar decisiones narrativas es muy difícil, sobre todo cuando de ellas depende el insomnio de los otros. Una solución sería imaginar lo que más les va a gustar a Uds, si prefieren que termine la historia de la Osita con ricitos o que les cuente la historia que se me había ocurrido al principio o que cambie completamente de historia.
No, la Osita con ricitos no se duerme en absoluto. Todo en ella quiere dormirse, pero hay algo que la mantiene desvelada, con los sentidos al acecho. Se pregunta si no será la fragancia de las sábanas que le recuerda la miel de lavanda. O tal vez el chocolate que le cayó mal. Se pregunta si finalmente no es mejor una cama más dura o más blanda. Pero, no. Objetivamente esa camita es la ideal.
¿Por qué no se duerme?
¿Porque está en cama ajena?
No llego a comprender porqué no se duerme como un tronco. Si no se duerme, cuando llegue la familia de humanos, toda la parte de la historia que conocen de memoria no tendrá el menor sentido. Ni bien los oiga franquear el umbral de la puerta, se irá corriendo, saltando por la ventana. Los humanos no verán quién estuvo en su casa. Lo bonito de la historia que plagio es esto mismo: cuando los osos se dan cuenta de que entró alguien al ver los platos de sopa vacíos, la sillita rota y encuentran por fin la camita ocupada por una persona rarísima, roncando con la boca abierta.
Mi madre osa imitaba mal las voces. Yo quería que fuera mi padre quien me contara ese momento del cuento pues hacia la vozarrona del padre oso de esta manera :
— ¿Quién proboooooooó mi sopaaaaaaaaaa??????
Bueno, cuando imitaba la voz de la madre, era un poco ridículo. Pero la voz aflautada del niño le salía bastante bien.
¡¡¡Ufa!!! Me dio dolor de cabeza y creo que hoy no se me ocurrirá más nada: la indecisión mata la imaginación. El más minimo achaque acaba con la creatividad. Ninguna muestra, por excelente que sea, resiste al dolor de pies (sobre todo si se trata de arte ursino contemporaneo) y mucho menos al dolor de muelas. Pero tengo a un amigo oso cuya especialidad es organizar cenas en su casa los días en que el dentista le arranca una muela. Supongo que lo hace para demostrar que el cerebro, que manda señales de sufrimiento intenso, puede contradecirse a sí mismo, si se distrae con la cocina o alguna actividad intelectual. Pero aquí entramos en nociones muy aproximativas de psicología o mejor dicho en nociones de psicología aproximativa.

(continuará otra vez por indecisión)

 

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Autor/Auteur

DIEGO VECCHIO, Buenos Aires, 1969. Reside en Paris desde 1992.

Publicó "Historia calamitatum" (Buenos Aires, Paradiso, 2000), "Egocidio: Macedonio Fernández y la liquidación del yo" (Rosario, Beatriz Viterbo, 2003), "Microbios" (Rosario, Beatriz Viterbo, 2006) y "Osos" (Rosario, Beatriz Viterbo, 2010).

Contacto: dievecchio@gmail.com

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