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18 de julio: presentación de OSOS/Harry Holtzman

HARRY HOLTZMAN

Hola !… Gracias ! … Muchas gracias!… Estoy muy contento de estar aquí con ustedes, rodeado de tantos osos… Mi nombre es Joseph Rubinsky… Soy de Arizona… Viví cerca del gran cañón del Colorado… Tuve una infancia muy pero muy muy muy muy difícil… no con uno… ni con dos… ni con tres, sino con… ¡¡¡38 osos de peluche !!!

Mi primer oso me lo regalaron mis padres, cuando cumplí seis años. Se llamaba Honey Bear.  Aquí pueden ver una foto de él, en su mejor época.

Era muy bello. Estaba siempre muy perfumado. Era un oso un poco taciturno. No hablaba mucho. Nunca decía nada. Yo le hablaba todo el tiempo. Le hacía preguntas. El no respondía. O respondía YES… NO…  NO… NO…FUCK YOU! Un día, a la hora de la cena, mis padres me mandaron a la cama porque no quería comer las espinacas con manteca —detésto las espinacas con manteca— y al entrar a mi habitación… [silencio, saca un pañuelo, se seca los ojos, comienza a llorar, pero se retiene]… perdón… un día, al entrar a mi habitación, descubrí a Honey Bear bebiendo del pico de la botella de mi perfume preferido. ¡Honey Bear era un oso bebedor! Por las noches, iba a la cocina, abría la heladera y se bebía las latas de cerveza, o iba al minibar y vaciaba las botellas de whisky, ron o fernet. Para ocultar este olor, se echaba perfume. Por eso estaba todo el tiempo tan perfumado. ¡Qué feo! Puedo aceptar muchas cosas de un oso de peluche, pero si hay algo que no soporto es el alcoholismo. Lo eché inmediatamente de mi cuarto y de mi casa. Nunca más lo volví a ver.

Mi segundo oso TT Bear era el típico oso de peluche egoísta y narcisista.  Se la pasaba todo el tiempo tiñéndose de todos los colores. En esta foto, está rubio.

Pero al otro día, era marrón oscuro. Y al otro día, negro pantera. Al otro día, todo atigrado. Y al otro día, piel de cebra. ¿Cuantas noches pasé, acostado a su lado, aburriéndome en silencio, escuchando sus interminables e insoportables monólogos, donde decía YO, YO, YO y nada más que YO? Esto no era lo peor. TT Bear miraba a escondidas revistas pornográficas para osos de peluche. Era un oso obsesivo sexual. Un día lo encontré en nuestra propia cama, con mi Pato Donald de plástico. Otro día, con mi querido Snoopy. Eso fue más difícil. Un poco más tarde, con mi Scooby Doo. Hasta llegó a acostarse con Jeniffer, la jirafa de peluche de mi hermana… No hizo falta que lo echara. El mismo me abandonó. [Comienza a llorar, pero logra retenerse]. Me prometí a mi mismo que no iba a llorar en público. Y lo lograré.

Mi tercer oso Jonathan Bear era muy simpático.

Todo el mundo que lo veía, me decía que era el oso más simpático que habían conocido. Cuando le presionaban el vientre, se ponía a cantar. [Canta algunas canciones en inglés Row your boat, Singin’ in the rain, Jingle Bells, Happy Birthday]. Cuánto me gustaba. A veces Jonathan Bear estaba un poco eufórico. Un día —un día horrible para mí— descubrí porqué. Aquel día volví más temprano que de costumbre de la escuela, encontré a Jonathan Bear drogándose en el baño. Comprendí entonces que las veces que había desaparecido misteriosamente mi dinero de la alcancía, había sido Jonathan Bear que me lo había robado… para comprar droga. Y no solo esto. Jonathan Bear le vendía drogas a otros osos de peluche. Un día, lo encontré todo despanzurrado sobre la cama … Seguramente fue una venganza del cartel de osos de peluche narcotraficantes. [Rompe a llorar. Ataque de llanto, que termina abruptamente, para seguir hablando normalmente]

Mi cuarto oso de peluche yo lo perdí en circunstancias muy misteriosas …. [Un oso se levanta y le dice algo al oído]… Alguien me dice que no me queda más tiempo [Contrariado]… Uffffff….  ¡Qué lástima! Todavía no les conté las mejores historias… ¿Qué hacer?… ¡Ya sé! ¡Se me acaba de ocurrir una idea…!  Puedo dejarle el manuscrito a un editor [le da el manuscrito a Damián Ríos] y dentro de poco, podrán leer mi libro, que será mucho mejor que el que estamos presentando hoy.

Pero antes quería leerles el final… Después de tantos fracasos, pasé muchos años, solo, viajando por todo el mundo, sin ningún oso de peluche,. Un día, estaba en Praga. Cerca del cementerio judío. Llovía. Yo estaba sentado en un banco, mirando la lluvia. De pronto, salió el sol y apareció el arco iris. Me puse a contemplarlo. En la misma dirección donde terminaba el arco iris, no muy lejos de mí, había una mancha gris. Miré mejor. Era un oso de peluche, todo mojado, desmayado, casi muerto. Lo recogí y lo llevé de inmediato al hotel, donde lo sequé y le curé. Cuando se recuperó de sus heridas, el oso, que se llamaba Ronny Bear, me contó su historia. Había pertenecido a un niño muy cruel que lo había maltratado y después de pegarle, lo había dejado tirado en el parque. Desde aquel día estamos juntos.

Quería terminar diciéndoles que nunca hay que perder la esperanza. En el lugar menos pensado, puedes encontrar a tu oso de peluche, a la vuelta de una esquina, debajo de un banco, en un baño público, porqué no…, en el momento menos pensado, tal vez dentro de un rato.

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Autor/Auteur

DIEGO VECCHIO, Buenos Aires, 1969. Reside en Paris desde 1992.

Publicó "Historia calamitatum" (Buenos Aires, Paradiso, 2000), "Egocidio: Macedonio Fernández y la liquidación del yo" (Rosario, Beatriz Viterbo, 2003), "Microbios" (Rosario, Beatriz Viterbo, 2006) y "Osos" (Rosario, Beatriz Viterbo, 2010).

Contacto: dievecchio@gmail.com

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