24
Jul
10

18 de julio: presentación de OSOS/lectura

Al principio, Dios estaba aburridísimo. Para tener un poco de compañía, se le ocurrió crear a una criatura a imagen y semejanza suya. Tosió y escupió una flema verde : la Primera Rana. Y como vio que la Primera Rana era una compañía muy amena, le dio el don de la palabra. La Rana dijo : ¡Croac! Dios le respondió: ¡Croac! ¡Croac! y se sintió muy feliz. Por fin había encontrado a una Secretaria, digna de este nombre, con perfecto manejo de la Lengua Primordial. Como estaba muy oscuro, Dios pensó luz y la Primera Rana croó y la luz se hizo. Y luego Dios pensó cielo y la Primera Rana volvió a croar y el cielo se hizo. Y luego Dios pensó tierra, cubierta de plantas y hierbas, que den semillas según las especies y de árboles que den frutos con la semilla dentro, según las especies y la Primera Rana croó y aparecieron la tierra y los vegetales y todo el resto de las cosas que existen e incluso las que no existen, por declinación y variación de aquel Croído Primordial. Pasaron miles de años. Los sonidos de las palabras se empobrecieron, pero el sentido se enriqueció. Volvieron a pasar miles de años. Las ranas crecieron y se multiplicaron sobre la faz de la tierra, olvidándose de aquello que había ocurrido en el origen.

Un día nació, en la recámara nupcial de la reina de las ranas, el renacuajo más bondadoso del mundo: Esmeralda. Mientras los otros anfibios de su edad malgastaban el tiempo buceando, serpenteando, zigzagueando en el fondo de un estanque, Esmeralda, al terminar los deberes, ayudaba a su madre en las tareas del hogar, barriendo el palacio, fregando los platos, hilando en una rueca.

Ni bien perdió la cola de renacuajo, comenzaron a lloverle las propuestas de matrimonio de batracios de alta estirpe, entre ellos, el Príncipe de los Escuerzos, un solterón recalcitrante, con el aliento acre de un basilisco. Desde luego, Esmeralda rechazó a todos estos pretendientes. Quería aprovechar al máximo su vida de rana soltera.

Se la pasaba organizando campañas de protección de las especies en vías de extinción, creando asociaciones de lucha contra la contaminación de los recursos naturales, alentando el uso de energías alternativas, reestableciendo la paz y el amor entre presas y predadores. Durante las epidemias de sarna, fiebre aftosa o brucelosis, visitaba a los animales convalecientes en los corrales, jaulas y madrigueras. Y durante las inundaciones, se ocupaba de los problemas de alojamiento de las aves que se habían quedado sin nido.

¡Qué tiempos tan maravillosos!

Su celebridad fue más allá de las fronteras de su estanque natal. Un día, llegó un productor de un canal de televisión de la ciudad de Buenos Aires con una propuesta laboral, sumamente interesante. Esmeralda había sido seleccionada entre un grupo de conejos, topos, tejones, tortugas, perros, pingüinos, iguanas, lechuzas, caracoles, cebras, panteras, monos, jirafas, ratones — incluso una pareja de rinocerontes— para protagonizar un programa que invitara a los niños a ir a la cama sin protestar, aprovechando al mismo tiempo para despabilarles la conciencia ecológica. Esmeralda aceptó con una alegría directamente proporcional al rencor que experimentaron los animales descalificados, en particular los rinocerontes, que le advirtieron, tocándose el cuerno, que si no renunciaba ya mismo a aquel trabajo, la iba a pagar muy caro. Esmeralda hizo caso omiso de estas amenazas y obscenidades. ¡Por suerte! Desde el principio, A la cama, con la rana rana rana batió todos los récords de audiencia, conocidos hasta entonces por la televisión. ¿Te acordás del primer programa?

Un padre, vestido de traje y corbata, antes de ir al trabajo, llevaba en auto a sus hijos a la escuela. Esmeralda, que viajaba sentada en el asiento de adelante, con el cinturón de seguridad abrochado, se ponía a hacer un cálculo en voz alta.

— Si un padre (o una madre) que lleva a sus hijos a la escuela en auto emite por el caño de escape mil trescientos gramos de dióxido de carbono en la atmósfera, los dos millones de madres (o de padres) de la ciudad de Buenos Aires que llevan todos los días en auto a sus hijos a la escuela, emitirán más de dos mil seiscientos millones de toneladas de dióxido de carbono, produciendo una verdadera hecatombe ecológica de consecuencias insospechadas para las futuras generaciones.

Corte.

Esmeralda aparecía en exteriores, seguida por un millar de niños (¡sin los padres!) pedaleando una bicicleta por un camino que serpenteaba un campo lleno de flores y pájaros que cantaban alegres melodías, exhortando a todo el mundo a ir a la escuela en medios de transportes no contaminantes.

Al llegar al borde de un estanque, se bajaba de la bicicleta y se ponía a dar saltos, en la superficie espejada del agua, sobre unos nenúfares. Al llegar al último nenúfar, decía: ¡Renacuajos, llegó la hora de irse a dormir! Y entonces llegaba la parte más importante y esperada de todo el programa. Esmeralda se ponía a cantar:

¡croac croac croac!

¡croac croac croac!

¡croac croac croac!

No se trataba de un canto de rana cualquiera. A imagen y semejanza del Croído Primordial, los croídos de Esmeralda eran verdaderas palabras mágicas, capaces de abrir las puertas del sueño de los niños, mucho más eficaces que los cuentos, los baños con sales soporíficas, las amenazas, los somníferos y hasta los osos de peluche. Gracias al programa de Esmeralda, Buenos Aires fue durante un tiempo una de las ciudades con el índice de insomnio infantil más bajo del mundo.

Hasta hacía poco.

Dos meses atrás (exactamente dos meses, con cuatro días, diez horas y cuarenta y cuatro minutos), Esmeralda había terminado de grabar un episodio que la había dejado particularmente agotada y con un humor de sanguijuela anémica. Estaba en su camarín, ante el espejo, sacándose con un algodón el maquillaje, cuando alguien golpeó a la puerta. Al abrir, se encontró con el Príncipe de los Escuerzos, con un ramo de flores en la mano. Antes que pudiera cerrarle la puerta en la cara, el entrometido le mostró el regalo que llevaba en la otra mano: una caja de moscas confitadas. La glotonería fue más poderosa que la aversión, el cansancio o el mal humor. Esmeralda lo hizo entrar.

A los dos minutos, el Príncipe de los Escuerzos intentó besuquearla. Esmeralda le asestó una bofetada y amenazó con llamar al personal de seguridad, si no se comportaba correctamente. El Príncipe de los Escuerzos pidió disculpas y se sirvió un whisky. Mientras bebía un sorbo y la miraba con unos ojos de terodáctilo libidinoso, Esmeralda degustó la golosina. Apenas hubo dado el primer mordisco, la mosca se le quedó atascada en la garganta. Se le cortó la respiración, se le congeló la sangre en las venas, la cabeza empezó a darle vueltas. Cayó al piso, como muerta. Pero no estaba muerta. Estaba profundamente dormida. El Príncipe de los Escuerzos le había hecho probar una mosca confitada, rellena con un temible narcótico, para entregarla, sin resistencia, en manos del Espantasueño, conocido antaño, con el nombre de Cristóforo Guzmán, el Ogro de Buenos Aires.

Anuncios

0 Responses to “18 de julio: presentación de OSOS/lectura”



  1. Dejar un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


Autor/Auteur

DIEGO VECCHIO, Buenos Aires, 1969. Reside en Paris desde 1992.

Publicó "Historia calamitatum" (Buenos Aires, Paradiso, 2000), "Egocidio: Macedonio Fernández y la liquidación del yo" (Rosario, Beatriz Viterbo, 2003), "Microbios" (Rosario, Beatriz Viterbo, 2006) y "Osos" (Rosario, Beatriz Viterbo, 2010).

Contacto: dievecchio@gmail.com

julio 2010
L M X J V S D
« Jun   Ago »
 1234
567891011
12131415161718
19202122232425
262728293031  

A %d blogueros les gusta esto: