25
Jul
10

18 de julio: presentación de OSOS/Karl Kaiser

KARL KAISER

Nací por cesárea. Mi madre tuvo una trombosis y estuvo seis semanas internada en el hospital. Yo me quedé con ella. Las enfermeras se encariñaron mucho conmigo. Como era más grande que los otros bebés, me convertí en una celebridad.

Me parece que fue en aquel momento cuando mi padre me regaló mi primer oso de peluche. Poco después me sacaron esta foto, donde se me ve con el oso, en todo su esplendor, todo peludo, más joven, casi tan grande como yo.

Ahora este oso, que tiene cuarenta y cinco años, sigue siendo muy bueno, como en aquel entonces. La diferencia es que, como a todo el mundo, se le nota un poco la edad. Hay gente que dice que está gastado. Las patas están mal cosidas porque una se le desprendió y le quedó colgada de un hilo, casi amputada. Visto así, mi oso está un poco gastado. Pero para mí, sigue siendo muy lindo, como antes.

No tiene mucha forma. Es medio masaquote. Pero es muy expresivo. Tiene la carita pelada. En general, los osos tienen la cara afelpada. Y este tiene la carita pelada. Como un mono. Tal vez sea un mono disfrazado de oso. También tiene la boca pegada al cuello. Mejor dicho: no tiene cuello. ¿Pero para qué tiene que tener cuello? Hay muchas personas que no tienen cuello.

Ya no tiene nombre. O mejor dicho, nunca tuvo nombre. Cuando él entró en mi vida, yo no sabía hablar. Él formaba parte de mi vida, sin necesidad de tener nombre propio. Mas tarde, cuando yo empecé a hablar, me di cuenta de que la gente se refería a él como a “Bärchen”, el diminutivo de Bär, oso, en alemán. Así recibió su nombre, Bärchen, la versión alemana de osito. A mí, nunca me hacía falta ese nombre, porque Bärchen pertenecía a un mundo anterior, un mundo sin palabras, sin diferenciación individual, sin nombres propios.

Con Bärchen, siempre compartimos la misma cama. Durante las noches siempre dormí abrazado a él. Bärchen pasaba los días sentado en su rincón de la cama, mirándome. Los abrazos nocturnos se hicieron mas intensos, cuando yo tenía ocho años y mi padre se enfermó y murió. Fue también en aquel entonces cuando empecé de vuelta a chuparme los pulgares, costumbre que había dejado atrás poco antes y que no dejaría hasta muchos años después. Bärchen me acompañó en ese momento. Él era para mí más que un amigo, porque en aquellos años yo no tenía amigos. Era más que un pariente, porque a él lo podía abrazar, mientras que los miembros de mi familia eran unos seres distantes, que desconocían el efecto calmante y protector de un abrazo. En mi casa, después de la muerte de mi padre, existían sólo los abrazos entre Bärchen y yo, los demás familiares eran intocables. En general ni siquiera me daban la mano. Eso era un privilegio reservado por la buena educación a las personas que venían de visita.

Después, con el pasar de los años, ya no nos abrazábamos tanto. Hubo un distanciamiento. Empezaron los problemas psicosomáticos, y Bärchen ya no me podía reconfortarme como lo había hecho antes. Yo ya no tenía con él la relación que tenía al principio. Había crecido. A pesar de todo, Bärchen siguió estando ahí, en su rincón de la cama, hasta los dieci algo… No recuerdo muy bien. Probablemente hasta los 18… O hasta los 16. Tal vez nos separamos cuando tuve que ir al servicio militar y no me lo pude llevar. O tal vez antes. No lo recuerdo. En todo caso, no fue una separación traumática.

Después del servicio militar, este oso de peluche tuvo un rival. O mejor dicho una rival: una foca de peluche de tamaño casi natural. No me la regalaron. Me la compré yo, porque me pareció buenísima, con el dinero que me habían dado para mi cumpleaños.

La foca sí tuvo un nombre propio y no genérico. Se llamaba Sebastian Clemens Adrian, por una novela de Evelyn Waugh, Brideshead revisited, donde hay un personaje que se llama Adrian, que tiene un oso que se llama Sebastian. El Clemens lo agregué por no me acuerdo que motivo. Me gustó la combinación. Terminé poniéndole a la foca de peluche un nombre de oso. Entonces me dí cuenta de que en el mundo de las palabras mi oso hubiera merecido un nombre, que nunca le había dado, y ya era demasiado tarde para dárselo. Tampoco hacía falta.

Si establecés una relación con algo o alguien, ya no hace falta cambiarle el nombre. Podría haber inventado miles nombres. Pero no hacía falta, porque la relación con este oso ya tenía un significado para mí. Como en todas las relaciones, había algo constante, que no variaba: él compartía la cama conmigo.

La foca y el oso se llevaron bien. Quien no se llevaba bien con ellos, sobre todo con la foca, era Marcelo. Marcelo no soportaba que mis amigos me preguntaran: ¿cómo está Sebastian Clemens Adrian? Tener a esos animales en la cama, sobre todo un bicharraco enorme como aquella foca, le parecía muy sensiblero, cursilón, de mal gusto.

Un día hizo desaparecer a Sebastian Clemens Adrian detrás de un espejo. Algún tiempo después, ya no se encontraba detrás del espejo tampoco. Había desaparecido totalmente. Tal vez Marcelo mandó a aquella foca a un mundo subterráneo, como el de Alicia, especial para animales de peluche. El oso, en cambio, sobrevivió, escondido en un maletín. Recién pudo salir años después cuando Marcelo se tranquilizó un poco.

Luego apareció otro oso, un oso Padington, vestido con piloto, que me regalaron mis compañeros de trabajo, en Londres, cinco años después de haber comprado la foca. Padington nunca llegó a dormir conmigo. Marcelo hizo realidad una cama libre de peluches. Ellos no dormían con nosotros. Pero miraban desde un rincón.

Padington desapareció no me acuerdo de qué manera. Creo que a él le tocó el mismo verdugo que ya había terminado con la vida de Sebastian Clemens Adrian.

Mi primer oso sigue conmigo todavía. Ahora esta encerrado en el armario. A veces sale. A veces pasea. Si este primer oso sobrevivió, y no los otros, es porque hay en él algo de esencial. Es mi primer oso peluche. El único. El auténtico.

Anuncios

0 Responses to “18 de julio: presentación de OSOS/Karl Kaiser”



  1. Dejar un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


Autor/Auteur

DIEGO VECCHIO, Buenos Aires, 1969. Reside en Paris desde 1992.

Publicó "Historia calamitatum" (Buenos Aires, Paradiso, 2000), "Egocidio: Macedonio Fernández y la liquidación del yo" (Rosario, Beatriz Viterbo, 2003), "Microbios" (Rosario, Beatriz Viterbo, 2006) y "Osos" (Rosario, Beatriz Viterbo, 2010).

Contacto: dievecchio@gmail.com

julio 2010
L M X J V S D
« Jun   Ago »
 1234
567891011
12131415161718
19202122232425
262728293031  

A %d blogueros les gusta esto: