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Nov
10

lunes 22: oso y cazador

EL OSO Y EL CAZADOR

por Martín Villagarcía

Alejandro era un cazador amante de los osos. Le gustaba usar ropa de cuero y no dormía con nadie que no tuviera por lo menos veinte kilos demás y el pecho enteramente cubierto de vello. Su amor por los osos no era reciente, era más bien lo que se llama una vocación temprana: su amor provenía desde la infancia. Luego de llegar a casa de una larga jornada laboral, se acostó en la cama y cerró los ojos, esperando dormirse lo más pronto posible. Pasaron minutos, horas, pero no podía dormirse. Había algo que le faltaba.

Alejandro tendría alrededor de cuatro años cuando la mamá le regalo por primera vez un oso de peluche. Fue para su cumpleaños, y el oso era el único regalo que ansiaba. No le importaban los trenes eléctricos en miniatura, ni los rompecabezas de disney, sólo quería su oso. Días, o incluso semanas, antes del tan preciado día, Alejandro había salido a pasear un sábado por la tarde con la abuela como lo hacían de costumbre. Primero fueron a la plaza. Alejandro jugó un poco en las hamacas y en el tobogán. Luego compraron alpiste y alimentaron a las palomas, y el recorrido lo terminaron, como siempre, dando una vuelta por el centro comercial. Su abuela compró unos chocolates y le convidó el más rico de todos, el que tenía leche condensada. Alejandro le quitó el envoltorio y se lo metió en la boca, nunca había probado cosa más rica. Era incluso más delicioso que los alfajores de maicena que la mamá le regalaba después de sus largas ausencias. Nieto y abuela continuaron el paseo, y cuando estaban a punto de emprender el regreso, Alejandro divisó en medio de la vidriera de la juguetería su objeto del deseo. Allí estaba, el oso de peluche más hermoso del mundo. Tenía los ojos negros y abundante pelaje oscuro; Alejandro quedó hipnotizado. La abuela tiraba de su pequeña mano para seguir camino, pero él no se quería mover de ninguna manera, entonces ella le dijo que probablemente para su cumpleaños aquel oso sería suyo y de nadie más. Conforme, Alejandro se dejó llevar de regreso, y durante todo el camino soñó con ese oso de peluche. Soñó con todo lo que harían juntos, pero especialmente soñó con la sensación que tendría al irse a dormir abrazándolo.

El tan esperado día finalmente llegó. La noche anterior Alejandro se había ido a dormir muy ansioso, esperando a que se hicieran las doce de la noche para recibir su regalo, pero alrededor  de las diez y media los ojos se le comenzaron a entrecerrar y al rato ya estaba durmiendo como un angelito. A la mañana siguiente se despertó lentamente, primero abrió un ojo y luego el otro. El cuarto todavía estaba a oscuras. Prendió la lámpara de la mesa de luz y encima de ella vio un paquete. En realidad, había unos cinco o seis paquetes, pero sólo uno se hallaba sobre la mesa y ese paquete fue el único que vio. Rompió el envoltorio en pedazos y se llenó de emoción al ver que era su oso el que lo miraba. Lo abrazó con todas sus fuerzas y se volvió a acostar con los brazos alrededor del peluche.

Eso era exactamente lo que le faltaba en esta noche insomne. Se levantó de la cama y llamó por teléfono a Raúl. El tono de voz le dio a entender que estaba durmiendo, pero de todos modos se mostró gustoso de escucharlo. A los pocos minutos ya estaba camino a su casa, y no fue hasta que se acostó con él, dándole la espalda y rodeándose con su brazo, que pudo dormirse como un angelito.

Foto: Darío Mazzanti

 

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2 Responses to “lunes 22: oso y cazador”


  1. 1 ourson
    noviembre 22, 2010 en 8:51 pm

    J’aime bien le nounours à capuche

  2. 2 soloosos
    noviembre 22, 2010 en 8:57 pm

    Oui il est adorable… Il s’appelle… je crois… je ne sais pas… Stanislas… Non…Jeremy… Faux!… Little Nounours… Encore moins!… Marty!


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Autor/Auteur

DIEGO VECCHIO, Buenos Aires, 1969. Reside en Paris desde 1992.

Publicó "Historia calamitatum" (Buenos Aires, Paradiso, 2000), "Egocidio: Macedonio Fernández y la liquidación del yo" (Rosario, Beatriz Viterbo, 2003), "Microbios" (Rosario, Beatriz Viterbo, 2006) y "Osos" (Rosario, Beatriz Viterbo, 2010).

Contacto: dievecchio@gmail.com

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