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10 de abril: horda primitiva

Cerca de Hat Mountain fue descubierto, no hace mucho, uno de los pueblos más atrasados, por no decir el más atrasado, que existe actualmente en nuestro planeta. Aislado del resto de la humanidad por desfiladeros infranqueables, ha conservado en un estado de pureza excepcional costumbres que desaparecieron de la faz de la tierra desde hace miles y miles de años. Los naturales de Hat Mountain son verdaderos fósiles vivientes de la infancia del hombre.

No conocen la propiedad privada ni la familia. No construyen casas ni chozas. No practican ni la pesca ni la caza ni la agricultura ni la domesticación de animales. Desconocen la religión, aún en sus formas más rudimentarias, como así también la alfarería o el arte. No saben fabricar arcos ni flechas, ni encender fuego o cocer alimentos.

Como en la prehistoria, los naturales de Hat Mountain viven en pandillas, gobernadas por un patriarca tiránico que goza de todas las hembras y expulsa a los machos más jóvenes, una vez alcanzada la edad de madurez sexual, a fin de evitar toda rivalidad o pendencia.

La tiranía del patriarca suele declinar por sí sola. Aquel monstruo implacable que goza de todas las mujeres, se convierte, con el paso del tiempo, en un viejito enclenque, harto gastado por los excesos cometidos durante su juventud, que apenas sí puede dar un paseo matinal, con sus piernitas flacas y torcidas, apoyándose en un palo. (Los naturales de Hat Mountain desconocen lo que es un cayado o bastón, que corresponde a un estado más avanzado de la civilización, ni mucho menos las muletas o la silla de ruedas eléctrica con control remoto, invenciones que solo se encuentran entre los pueblos en la vanguardia del progreso).

El caso es que las damas de Hat Mountain acuden incesantemente a solicitar sus favores, en recuerdo de las hazañas de antaño, tan celebradas por mito, sagas y chismes. El venerable anciano les ruega encarecidamente que lo dejen tranquilo. Pero las damas vuelven a acometerlo con sus proposiciones, caricias y toqueteos. El pobre hombre las rechaza, amenazándolas con un puño cerrado, no sin vehemencia, esfuerzo que lo deja extenuado, durante horas.

Con la esperanza de atizar la lumbre del deseo, las más jóvenes le sirven, una vez al año, raíces afrodisíacas, que el geronte se pone a chupar, con sus encías desdentadas. Lamentablemente, una vez terminado el banquete, el viejo se echa a dormir, para gran decepción de estas vírgenes. En medio de la noche, cuando se despierta sobresaltado por algún sueño, consagra una chispa de su energía libidinal, no a la fornicación que podría hacerle estallar alguna arteria, sino al reprensible vicio que perdió a Onán.

*

*   *

 Près de Hat Mountain, on a découvert, il y a peu, un des peuples les plus arriérés, pour ne pas dire le plus arriéré, qui existe actuellement sur notre planète. Isolés du reste de l’humanité par des canyons infranchissables, ils ont conservé, dans un état de pureté exceptionnel, des coutumes qui ont disparu de la face de la terre depuis des milliers d’années. Les natifs de Hat Mountain sont de véritables fossiles vivants de l’enfance de l’homme.

Ils ne connaissant ni la propriété privée ni la famille. Ils ne construisent ni maisons ni huttes. Ils ne pratiquent ni la pêche ni la chasse ni la domestication des animaux. Ils ne savent rien de la religion, même dans ses formes les plus rudimentaires, pas plus que de la poterie ou de l’art rupestre. Ils ne savent fabriquer ni arcs ni flèches, ni allumer le feu ou cuire les aliments.

Comme au temps de la préhistoire, les natifs de Hat Mountain vivent en bandes, gouvernées par un patriarche tyrannique qui jouit de toutes les femelles et expulse les mâles plus jeunes que lui, dès qu’ils ont atteint l’âge de maturité sexuelle, afin d’éviter toute rivalité ou querelle.

En général, la tyrannie du patriarche décline naturellement. Ce monstre implacable qui jouit de toutes les femmes se transforme, au fil du temps, en un vieillard chétif, passablement abîmé par les excès commis pendant sa jeunesse, à tel point que c’est à peine s’il peut encore faire une promenade matinale, avec ses guibolles maigrichonnes et toutes tordues, en s’appuyant sur un bout de bois. (Les natifs de Hat Mountain ignorent ce que c’est qu’une canne ou un bâton, qui correspondent à un état plus avancé de la civilisation, et que dire des béquilles ou de la chaise roulante avec télécommande, inventions que l’on ne trouve que parmi les peuples à l’avant-garde du progrès).

 Le fait est que les dames de Hat Mountain viennent sans cesse solliciter ses faveurs, en souvenir des prouesses d’antan, louées par des mythes, sagas et commérages. Le vénérable vieillard les supplie de le laisser tranquille. Mais les dames le harcèlent de plus belle avec leurs propositions, caresses et tripotages. Le pauvre homme les repousse, en brandissant un poing fermé, les menaçant avec force véhémence ; effort qui le laisse exténué, des heures durant.

Dans l’espoir d’attiser la flamme du désir, les plus jeunes lui servent, une fois par an, des racines aphrodisiaques que le géronte se met à suçoter avec ses gencives édentées. Malheureusement, une fois le banquet terminé, le vieux tombe endormi, au grand dam de toutes ces vierges. Au milieu de la nuit, quand un rêve quelconque le réveille en soubresaut, il consacre une des ultimes étincelles de son énergie libidinale non pas à la fornication ce qui pourrait faire éclater une de ses artères, mais au vice répréhensible qui causa la perte d’Onan.

4- Mapa

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2 Responses to “10 de abril: horda primitiva”


  1. febrero 7, 2014 en 2:00 pm

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Autor/Auteur

DIEGO VECCHIO, Buenos Aires, 1969. Reside en Paris desde 1992.

Publicó "Historia calamitatum" (Buenos Aires, Paradiso, 2000), "Egocidio: Macedonio Fernández y la liquidación del yo" (Rosario, Beatriz Viterbo, 2003), "Microbios" (Rosario, Beatriz Viterbo, 2006) y "Osos" (Rosario, Beatriz Viterbo, 2010).

Contacto: dievecchio@gmail.com

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