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12 de julio: ¿El primer canon literario del siglo XXI?

¿El primer canon literario del siglo XXI?

 Por Maximiliano Tomas

Si la pregunta acerca de qué leer es susceptible de ser interpelada con acusaciones de fascismo intelectual o relativismo estético por los siempre atentos, respetuosos e inteligentes seguidores de este espacio, tal vez podamos preguntarnos hoy, más humildemente, por cómo se lee. O, siendo más específicos todavía, qué es lo que se lee: ¿cuáles son los autores y las obras literarias que concentraron la atención, en los últimos años, de los lectores y la crítica argentina? Dejemos de lado por el momento los insospechados números de venta (que señalan con contundencia el refinado gusto de las mayorías), los transparentes rankings de las librerías y los suplementos culturales (que establecen cada semana el menú preferido de los lectores ilustrados) y la científica observación de los hábitos de lectura en la vía pública (sabido es que en nuestra comunidad la gente prefiere las novelas y los libros de cuentos a los diarios vespertinos, las revistas de actualidad y los dispositivos móviles). Una mirada atenta a las alzas y bajas de la bolsa de valores literarios de los últimos años arrojará apenas un puñado de nombres repetidos, apellidos que fueron editados con cierta constancia, autores cuyas obras produjeron estudios críticos, en fin: escritores que lograron generar una nueva comunidad de lectores. Entre ellos hay un nombre recurrente, y es el del uruguayo Mario Levrero.

Dueño de una obra que se prolonga por casi cuarenta años y se mueve con comodidad a través de las fronteras de los géneros (cuentos, novelas, diarios, ensayos, historietas y hasta crucigramas), Jorge Mario Varlotta Levrero, más conocido como Mario Levrero, fue (hasta su muerte en 2004) un escritor leído con fruición aunque por un público reducido. Como suele suceder, su desaparición física renovó la atención sobre sus libros, más aún cuando al año siguiente apareció un volumen inclasificable y monumental titulado La novela luminosa. Desde entonces, al menos en la Argentina y España, sus títulos no han dejado de reeditarse: El discurso vacío, Dejen todo en mis manos, La banda del Ciempiés, El alma de Gardel, Fauna/Desplazamientos y la llamada “trilogía involuntaria” compuesta por El lugar, La ciudad y París. Mañana a las 19, en el Centro Cultural San Martín, el crítico y escritor Elvio Gandolfo (con quien lo unía una larga amistad) dará una charla abierta y gratuita en la que recorrerá su vida y su obra . Al mismo tiempo, acaban de aparecer dos libros que se ocupan de su figura: el que recopila sus mejores entrevistas ( Un silencio menos , compiladas por Gandolfo) y los ensayos críticos de La máquina de pensar en Mario (seleccionados por Ezequiel De Rosso).

¿Cuáles son los autores y las obras literarias que concentraron la atención, en los últimos años, de los lectores y la crítica argentina?

levrero

¿Qué es lo que hizo que la obra de Levrero se desmarcara de la sombra proyectada por otros autores uruguayos mucho más leídos y tanto menos interesantes como Mario Benedetti o Eduardo Galeano? ¿Cómo fue que de a poco empezó a llamar la atención de los lectores y comenzó a ser utilizada como contraseña del buen leer? Por un lado, Levrero tuvo en Gandolfo, en Marcial Souto y en Rodolfo Fogwill a tres promotores infatigables. Por el otro, como señala De Rosso en el prólogo de La máquina de pensar en Mario, está el peso específico de su propio universo ficcional, que lo unía a autores tan atractivos como Franz Kafka y Felisberto Hernández: “Esa serie, que podría incluir además a Virgilio Piñera y a Mario Bellatin, puede articularse por un ‘aire kafkiano’ y se distingue de la tradición mayoritaria del relato ‘no realista’ (Arreola, Borges, Cortázar, Mutis) porque realiza una lectura pobre, literal de Kafka. Estos escritores leen a Kafka contra Borges: no encuentran en Kafka al cuentista de la paradoja, sino al novelista del procedimiento y del empobrecimiento tanto de la descripción como de la peripecia”, escribe De Rosso.

Levrero, que vivió durante años en la Argentina, sería algo así como el último avatar de una serie de escritores “raros” (la definición es de Angel Rama), imposibles de clasificar e imitar y que ejercen en los lectores una extraña fascinación. Su personalidad esquiva (una suma de fobias y obsesiones) y sus ácidas respuestas a los reportajes que concedía muy cada tanto (“Lo que no me atrae de la ‘literatura comprometida’ es que, por lo general, hay más ‘compromiso’ que literatura. Participa de un mecanismo similar al de los bestsellers: se escriben libros para que los compre determinado público”) ayudaron también a forjar, después de su muerte, un atractivo mito de autor.

Levrero, que vivió durante años en la Argentina, sería algo así como el último avatar de una serie de escritores “raros”

Se podría arriesgar que el nombre de Levrero compone hoy, junto al de Fogwill y al de Roberto Bolaño, una suerte de “canon involuntario” latinoamericano de comienzos de siglo. ¿Hubo en los últimos tiempos, acaso, otros autores que hayan ocupado tanto espacio en la prensa editorial y hayan generado tal cantidad de debates, exposiciones y discusiones? Sus biografías y obras tienen, por lo pronto, al menos tres puntos en común. Los tres murieron durante la primera década del siglo XX (Bolaño en 2003, Levrero en 2004, Fogwill en 2010), y sus muertes potenciaron de forma exponencial la circulación de sus libros. Sus ficciones presentan, al mismo tiempo, la complejidad y el espesor que reclaman los estudiosos y académicos (los tres fueron objeto de compilaciones críticas sobre su producción narrativa) y cierto carácter inteligible que las hacen permeables y disfrutables por los lectores no especializados. Finalmente, sus nombres son mencionados en cada encuesta o entrevista en la que las nuevas generaciones de escritores latinoamericanos confiesan sus influencias. Que tengan más o menos lectores es, en el peor de los casos, apenas una cuestión de tiempo.

La Nación, 11 de julio 2013.

fuente: http://www.lanacion.com.ar/1599994-el-primer-canon-literario-del-siglo-xxi

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Autor/Auteur

DIEGO VECCHIO, Buenos Aires, 1969. Reside en Paris desde 1992.

Publicó "Historia calamitatum" (Buenos Aires, Paradiso, 2000), "Egocidio: Macedonio Fernández y la liquidación del yo" (Rosario, Beatriz Viterbo, 2003), "Microbios" (Rosario, Beatriz Viterbo, 2006) y "Osos" (Rosario, Beatriz Viterbo, 2010).

Contacto: dievecchio@gmail.com

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